PUB: 31 / 01 / 2014

Siempre incompleto y bastante improvisado:
reflexiones alrededor de una serie de datos curiosos recogidos en el trabajo de archivo
 
Ana Carrillo

Este artículo es el resultado de una libre asociación de ideas a partir de la lectura asombrada de algunos documentos que encontré en una investigación realizada dentro del extinto proyecto de migraciones internacionales que comenzó el Instituto de la Ciudad de Quito en el año 2010. Aunque todos estos documentos podrían constituirse como datos curiosos, encadenados dan muchas cosas que pensar no solo en relación a la administración de poblaciones, la biología, y el racismo sino también en términos generales a los intentos del poder organizado por controlar lo vital. En términos de las ciencias sociales esto se conoce como biopolítica. Es posible que la serie de datos que construyen esta reflexión sean aquellos que hacían entrever lo delirante de la tarea de control.

 

El artículo del cual me ocupé logró, con bastante éxito, centrar el conflicto de interés de los poderosos pero decadentes comerciantes Guayaquileños contra el éxito comercial masivo de los siempre denigrados comerciantes chinos del puerto. Esta disputa por el espacio comercial guayaquileño -que se extendería a las zonas rurales de la costa ecuatoriana- activó los prejuicios de la población y los fortaleció para justificar la expulsión y prohibición de chinos en el territorio ecuatoriano.

 

Por supuesto, el vínculo de los banqueros y comerciantes guayaquileños con los gobiernos progresistas y liberales fue la fuerza que plasmó los decretos, oficios y leyes necesarias para que en nombre del blanqueamiento civilizatorio los inmigrantes chinos –la mayoría ilegales- fueran excluidos del mundo oficial de los negocios (y del club La Unión), pero extendieran su imperio comercial a través del trabajo duro y los afluentes del Río Guayas.

 

Quiero ahora exponer un par de documentos que evidencian la paradoja entre la letra y la biología.  El censo de chinos ejecutado por provincia funcionaba como un mecanismo de control de su crecimiento poblacional y se aseguraba de marcar en el mapa su presencia. Sus resultados servían para saber por ejemplo en que provincias habitaban y para dar pie a medidas como esta:

 

10°.- Verificado anualmente en el Ministerio de lo Interior el cómputo de los chinos reinscritos en el nuevo año, y hecha la comparación con el establecido en el inmediato anterior, el excedente de chinos, determinados por sorteo, será expulsado del país. (Circular del 12 de enero de 1909, que reglamenta la presencia de chinos en el territorio nacional).

 

La presencia de los chinos en la sierra fue prácticamente nula repitiendo el esquema de geografías prohibidas para poblaciones negadas, su movilidad estaba restringida bajo pena de expatriación. El lugar de lo legal para la numerosa colonia china (786 personas en 1938) quedaba en el campo de la paradoja. Mientras que en la vida cotidiana el puerto y las provincias de la costa sur estaban repletas de chinos y sus hijos y sus parientes, se suponía que no había ninguno desde 1898. El problema se concentraba entonces en su presencia y apariencia físicas:

 

Todavía más, viven en Guayaquil una multitud de chinos peruanos, quienes como tienen la carta de naturalización peruana y han nacido en el Perú de madre peruana, no pueden ser considerados como asiáticos ni expelidos, por tanto del territorio del Ecuador: ¿qué temperamento debe observarse con estos sujetos? Les tratamos como peruanos o como chinos? Legalmente, peruanos son: pero su chinería la llevan encima como marca de fábrica, hablan chinescamente y tienen todas las excelencias y los vicios de los coolíes, sus antepasados por parte de padre.

 

Sobre todo hay el capítulo de los chinitos hijos de madres ecuatorianas, nacidos en el país, que han optado por esta nacionalidad y los cuales son tan ecuatorianos como cualquier elector baquericista y se hallan en el goce de todas las garantías y derechos políticos reconocidos y declarados a favor de los que componemos ésta feliz sociedad civil; mestizos inteligentes, entusiastas, trabajadores, que no por mirar a través, ser un poco amarillos, entre chino y cholo, y tener aplastada la nariz dejan de ser hijos de Dios y compatriotas nuestros.  ¿Y qué hacer con ellos y con sus hijos […]?  Porque someterles a la prescripción prohibitiva y limitativa, sería, injusto y hasta inconstitucional, y, por otra parte ellos son tan chinos como el padre que les engendró (Manuel J. Calle, El grito del Pueblo Ecuatoriano, 3 de mayo de 1916).

 

Para solucionar los temas jurídicos las consultas a las autoridades eran frecuentes; las respuestas que eran objeto de discusiones estériles y poco coherentes caían en puntos ciegos y daban fallos definitorios y confusos:

 

La consulta del señor Ministro de Relaciones Exteriores sobre si las Leyes y los Reglamentos relativos a la inmigración china se extienden también a los hijos de los chinos nacidos en el Ecuador […] juzgo que debe ser resuelta negativamente, ya porque el ordinal 2°. Art. 10° de nuestra constitución Política reconoce como ecuatorianos a los nacidos en su territorio, de padres extranjeros que residen en él; ya también porque el Estado garantiza a los ecuatorianos la libertad de transitar por el territorio de la República […] Y si lo que la Ley prohíbe es únicamente la inmigración de raza amarilla, parece claro que tal prohibición no puede alcanzar a quienes forman parte de la población nativa ecuatoriana y están incorporados a nuestra nacionalidad; o mejor dicho, a quienes reúnen la condición de ecuatorianos y gozan por lo tanto de las garantías individuales que se les concede a los mismos.

 

Pero bien, y aunque desde el punto de vista legal no hay base para dudar del derecho que los ecuatorianos de raza amarilla tienen para regresar al país en cualquier tiempo; […] porque el régimen democrático requiere la igualdad ante la ley y este principio es una de las bases fundamentales de nuestra organización social, juzgo sin embargo –por nuestra deficiente policía inmigratoria- que semejante criterio de cosas puede ser el origen de frecuentes abusos y de una inmigración clandestina, cuyos efectos, por el cruzamiento de la raza serían de graves consecuencias.

 

Si los descendientes son de padre y madre chinos, el caso debe resolverse por lo previsto en el núm. 2° del precitado Art. 10 de la constitución, teniendo presente lo resuelto acerca de este asunto, esto es, si los hijos son menores de edad, como siguen la nacionalidad de los padres, quedan sujetos a las leyes y reglamentos sobre inmigración china; mas, si son mayores de edad y han adquirido el carácter de ecuatorianos, por tener residencia en Ecuador, no les alcanza los sobredichos leyes y reglamentos. (“Se resuelve una consulta del Ministerio de Relaciones Exteriores relativa al ingreso al país de ecuatorianos de raza amarilla”; Registro Oficial No. 943 del 5 de diciembre de 1923).

 

 

Además de estos problemas irresolubles sobre si los ecuatorianos nacidos con rasgos chinos eran o no ecuatorianos, el otro era el de la identificación. Esta dificultad se anclaba en el principio bastante racista, extendido a nivel popular, de que un chino es igual a otro y a otro:

 

Yo no conozco ningún chino… Es decir, conozco a todos, que es como no conocer a nadie, porque todos tienen la misma cara, y me da cierto recelo de rozarme con ellos por aquello del opio… (Manuel J. Calle, 1911, “Hay probabilidades de la supervivencia de la Nación Comercial.- Me declaro defensor del comercio asiático en este puerto”).

 

[…] se sabe la ubicación de su establecimiento, pero todos ignoran su nombre, y en cuanto a conocerle, sucede que un chino se parece a cuantos chinos hay en el mundo. Nos incluimos en el número de los que no hacemos diferencia, ni la hallan, tampoco, entre un compale de una tienda y otro compale del almacén de lado: todos son compadres, todos se llaman Antonios y, por añadidura se les tutea a todos (Calle, Manuel J. (1916). “Chinos y chinerías. Chinófilos y chinófobos. Razón de estos dos conceptos”, en: El grito del pueblo ecuatoriano. Guayaquil: 24 de marzo de 1916.).

 

En el decreto ejecutivo 15 de marzo de 1920, en donde se reglamenta la expedición de pasaportes se especifican una serie de medidas adoptadas para conseguir que no se confunda un chino con otro y por lo tanto para detener el contrabando de ciudadanos chinos por el puerto:

 

             Art.9. Se negará la visa del pasaporte en cuestión en los siguientes casos:

1°.- Al chino que no entienda y se haga entender fácilmente el español.

2°.- Al que no sepa firmar.

3°.- A aquel cuyo pasaporte tuviere más de dos años de extendido.

4°.- Al que no dé explicaciones satisfactorias del Ecuador y de su último domicilio.

5°.- Al que tuviere menos de cuarenta años.

 

Tres años más tarde la Circular No. 61 sobre el Acuerdo de la Cámara de Diputados del 23 de Agosto de 1923 haría énfasis en desarrollar las maneras de averiguar datos que no estaban ligados a lo social y jurídico sino a los biológico:

 

Art. 1°.- Excitar, como en efecto excita, al Ministerio de Policía, a fin de que proceda urgentemente a adoptar las medidas conducentes a establecer la identidad de los chinos existentes en el territorio de la República, procediendo a la inmediata expulsión de los individuos cuya edad se comprobare, -a la falta de otros documentos-, por testificación de peritos profesionales, como menor a la fecha en que se expidió la ley prohibitiva de inmigración asiática;

 

Art. 13.- Es prohibido el desembarque de chinos que regresaren al Ecuador, por otro puerto que no sea el de Guayaquil. A la llegada de cada vapor que condujere pasajeros de esa nacionalidad, los Agentes del Resguardo se cerciorarán de que todos ellos vengan provistos de pasaportes, y se encargarán de hacer conducir a los chinos en la oficina respectiva de Policía donde se investigará escrupulosamente la identidad personal de ellos, en relación al pasaporte, y se examinará la conformidad de este. Entre otras medidas para comprobar la legitimidad del poseedor, se comprobará la firma que este puso cuando obtuvo el pasaporte, con la firma que deberá poner a su regreso en el mismo registro de Policía, a continuación del anterior.

 

Art. 14.- El Intendente de Policía está en el deber estricto de practicar todas las indagaciones necesarias para adquirir la certidumbre de la legitimidad del poseedor de un pasaporte y no permitirá la entrada de los chinos que no hayan llenado las prescripciones de este Decreto, o que hallen incursos en cualquiera de los casos del artículo noveno.

 

De las herramientas desarrolladas para que los chinos no falsificaran pasaportes o suplantaran identidades queda una colección de documentos en donde constan fotografías, descripciones de los rasgos físicos y algunos datos civiles. Estas medidas se tomaban principalmente con el fin de limitar el crecimiento poblacional de ciudadanos chinos en Ecuador.

 

Los pasaportes chinos, inspirados en los sistemas antropométricos que se utilizaron en Europa por Lombroso y Bertillon  con el fin de identificar en la fisonomía, el primero, y en las medidas del cuerpo humano, el segundo, los fenotipos de la criminalidad y la diferencia; guardan la vinculación del poder y el control con las ansias de identificar al individuo y construir una identidad funcional solamente al Estado. Pero además de eso guardan la desconfianza construida en una sociedad desigual: observarlos es retornar a la memoria de la estigmatización de los rasgos étnicos y a la construcción de una lejanía insalvable con el otro. Las fotos de frente y de perfil, ayudadas por los datos antropométricos y las descripciones ayudaban a identificar al criminal y a situar en su cuerpo la anormalidad y la culpa. En esta lógica lo social y lo político se restringen al campo de lo natural. No podemos decir que el tráfico ilegal de chinos se debía a su parecido entre ellos, era el producto de una red de extorsión y soborno que enriqueció a los funcionarios de la gobernación del Guayas. Tampoco podemos decir que las características físicas de los ciudadanos pueden ser el origen de comportamientos sociales o amparar la discriminación. Estos documentos también son el resumen de una paradoja: la presencia inconveniente de una población invisibilizada, silenciosa y negada, pero al mismo tiempo los rostros más auscultados y descritos de la época.

© 2018 la-scolaris